10 cosas únicas de Marruecos

1. La intensidad de los colores

Marruecos es color. La intensidad de los tintes que utilizan impresiona. Sobre todo si eres de los que le gustan los contrastes fuertes. Los turquesas, fucsias, naranjas, amarillos, verdes, azules, violetas, rojos… Todos brillan con calidez. Los pigmentos los extraen de flores, hojas, piedras, tierra… Cualquier tono que la madre naturaleza pueda ofrecer, ten por seguro que un marroquí artesano sabrá como extraerle la esencia e impregnarlo en un trozo de piel. Si vais a Marruecos y estáis por Fez o Marrakech no dejéis de visitar el barrio de los curtidores. Es todo un viaje al pasado verlos trabajar el cuero. Y si tenéis a algún guía que os explique el proceso de curtido, mejor que mejor. Aprenderéis a la par que observáis esta labor tan aretesana como ancestral.

Típicas babuchas marroquíes

Babuchas muy coloreadas 

2. Todo es MUY barato

Supongo que no soy la primera, ni seré la última persona en afirmar que Marruecos es un país increíblemente barato. Sobre todo para el hombre occidental. La divisa marroquí es el dirham, y al cambio con el euro suele estar a 1/10, es decir, cada euro equivalen a diez dirhams. Puedes comer en cualquier parte por menos de dos euros (20dh), incluída la bebida. Eso sí, ándate con ojo si quieres tomar cerveza ya que muy pocos establecimientos ofertan este brebaje a los clientes, y si éste es de los que tiene birra te la van a cobrar a precio de ron caribeño.

Todo 10Dh, amigo

Todo 10Dh, amigo

3. Los aromas y sabores

Si hay una cosa que me viene a la cabeza instantáneamente cuando pienso en Marruecos son sus aromas y sabores. La cantidad de especias que utilizan es infinita. Cardamomo, cayena, canela, curry, cilantro, pimienta, azafrán, clavo, nuez moscada, jengibre, comino, Ras el Hanout… Pasead por los zocos de cualquier medina y encontraréis puestos de especias a granel en cada esquina.

Especias de Marruecos

Especias a granel en la Medina de Marrakech

Y, ¿qué decir de los sabores? Marruecos es sinónimo de comida. Cualquier platillo tradicional marroquí se convierte en una explosión de matices en el paladar. Su cocina es tan variada y sabrosa que la extrañarás cuando regreses del moro. Y además sana y baratísima. Tanto me gustó que no pude resistir comprarme un libro con recetas de cocina tradicional marroquí.

Eso sí, si eres de los que no tiene un estómago fuerte para tanta especia y picante lo pasarás un pelín mal cuando visites el baño.

Fish&Chips estilo Morocco

Fish&Chips estilo Morocco

4. Coger un pêtit taxi

Recuerdo la primera vez que visité Marruecos, en el año 2009. En aquella ocasión fui por motivos laborales a la ciudad de El Jadida para trabajar como operadora de vídeo en el Salon du Cheval. Las jornadas eran intensas y muchas veces teníamos que volver al apartamento en taxi. Cual fue mi sorpresa cuando mi compañera y yo nos montamos en un pêtit taxi, y después de acordar un precio con el taxista por el trayecto (esto es muy importante antes de que arranque el conductor), recogió a otras dos personas y las metió en el mismo taxi con nosotras. ¡Y era un peugeot 205! Íbamos seis personas adultas en un coche de proporciones diminutas. La verdad que fue muy graciosa la situación ya que el conductor chapurreaba bastante bien el inglés y el español y nos iba contando historias durante todo el trayecto. No obstante y antes de que cojas un taxi en territorio marroquí debes avisar al taxista de que, o bien ponga a cero el contador  antes de que ponga el coche en marcha, o acordéis un precio, (regateando siempre, por supuesto), de no seguir estos consejos quizás te puedas llevar un susto cuando te toque pagar.

Pêtit Taxi

Pêtit Taxi de El Jadida

5. La luz en Marrakech

En dos palabras: ¡Im-Prezionante! Lo primero que me impactó nada más poner pie en suelo marrakechí fue su luz. Todo estaba iluminado por un precioso tono anaranjado. Y durante todo el día. Quizás es que tuvimos suerte y nos hizo muy buen tiempo para ser febrero (unos 25ºC de media). Pero es que la luz de Marrakech es sin igual. Al medio día se filtran los rayos entre las rendijas de las callejuelas techadas del zoco de la Medina, mientras iluminan parcialmente los objetos, personas y animales que hacen vida allí.

Si eres amante de la fotografía es 100% recomendable ver el atardecer en la plaza Yamaa El Fna. A estas horas en que la luz comienza a decaer y el bullicio de gentes es menos intenso, los puestos de comida comienzan a alumbrarse con faroles. Los contrastes de luces que encontrarás al ocaso del Lorenzo te darán muy buenas escenas para fotografiar.

Panorámica de la Medina de Marrakech

Panorámica de la Medina de Marrakech desde la azotea del hotel

6. La Medina de Fez

¿Qué decir que no se haya escrito ya sobre este mágico rincón? Clasificada como Patrimonio Mundial de la Unesco, la Medina de Fez El Bali es un salto atrás en el tiempo. Es viajar en un abrir y cerrar de ojos al medievo, puesto que es la ciudad medieval del mundo árabe que mejor se conserva. Pasear y perderte entre su estrechos y laberínticos callejones te transportará a mundos lejanos en los que los artesanos, curtidores, vendedores y compradores trabajan y siguen su rutina diaria bajo la atenta y, normalmente sorprendida, mirada del extranjero o turista.

La inmensa Medina de Fez está considerada como la zona peatonal más grande del mundo, ya que a excepción de algunos vehículos como motos y bicicletas, el medio de transporte que se usa por norma dentro de la Medina es el burro y la carreta. Se recomienda visitarla con un guía local, ya que es bastante sencillo perderse entre sus callejuelas. Yo tardé casi una hora en encontrar la puerta de Bab Bou Jelud, monumento que hace las veces de entrada y salida de la Medina.

Y recordad, si visitáis esta ciudad y mientras paseáis escucháis la frase “Balak-Balak”, os recomiendo apartaros rápidamente sino queréis acabar arrollados por un carro o un mulo.

Barrio de los Curtidores en la Medina de Fez

Barrio de los Curtidores en la Medina de Fez

7. Tomar té con una familia bereber

No es quizás una de las actividades más impactantes que puedas hacer en Marruecos pero, si tienes oportunidad, visita a una familia bereber en los Montes Atlas y pasa un rato con ellos. Son pocas las familias bereberes que abren las puertas de sus casas a los extranjeros, por eso mismo merece la pena ver las particularidades de una auténtica casa bereber y de sus costumbres.

Como buenos anfitriones que son los pertenecientes a esta tribu, dejan al visitante a su libre albedrío para que inspeccione los rincones del hogar. Desde la cocina, donde una mujer prepara el cous cous separando los granos con las manos en un tallín gigante, al granero donde pastan sus burros, pasando por las habitaciones y el gran salón central donde la mujer de la tribu prepara el té moruno al estilo bereber siguiendo un ritual preciso. Esta típica bebida muy consumida en todo el mundo árabe te la sirven tan caliente como dulce. Además del té también te obsequiarán con un poco de pan recién hecho para que mojes con el aceite de oliva casero.

Té preparado al estilo bereber

Té preparado al estilo bereber

8. La amabilidad de la gente

Si hay algo que me gusta especialmente de Marruecos es su gente. La hospitalidad es algo que va impreso en el ADN del marroquí. Una amabilidad a menudo difícil de entender para el occidental que viaja a Marruecos, ya que suele chocar bastante que te ofrezcan lo poco que tienen, y en la mayoría de ocasiones sin esperar nada a cambio.

Como ejemplo. Conocí a Youness durante mi primera visita a Marruecos. Me encontraba andando por el Zoco de El Jadida e hicimos muy buenas migas al instante, ya que es bastante raro encontrarse con un marroquí rastafari. Y Youness era de ‘esos’. Charlamos y me invitó a su casa. Nada más cruzar el umbral de su puerta, su madre me asaltó ofreciéndome cena, yo rehusé pues ya había comido. Sin embargo, ella insistió, es más, Youness, después me comentó que rechazar una invitación suele ser un “feo” para el marroquí, pues cuando te ofrece algo lo hace desde el corazón.

Simpático señor marroquí, en la Plaza Yaama el Fna, Marrakech

Simpático señor marroquí, en la Plaza Yaama el Fna, Marrakech

9. El regateo como forma de vida

Vayas por donde vayas siempre habrá alguien que te aborde para venderte cualquier cosa. Y es que el marroquí es capaz hasta de vender arena en el desierto. De hecho lo hacen, “frasquitos de arena del Sáhara, barato, amigo”.

Para esta gente el regatear es un arte y una forma de vida y de relacionarse. Eso sí, tienes que saber regatear y estar muy atento para no sentir que te han timado después.

También has de tener en cuenta que casi todos los productos son artesanales por lo que cuando te dicen un precio, sí, regatea, pero no intentes rebajar su precio a una oferta ridícula ya que la artesanía se paga y rebajarla demasiado puede ser percibido como un insulto para el vendedor o artesano, pues es como si estuvieses rebajando el valor de su trabajo y del tiempo que ha empleado en fabricar ese objeto.

Ten por seguro que nunca vas a saber el precio real de un objeto. El vendedor va a intentar sacar el mejor precio posible para él y tú has de saber cuanto estarías dispuesto a pagar. Mantenerse firme en un determinado precio suele funcionar. A mi me ha funcionado que si yo estoy dispuesta a pagar X dirhams por un producto, suelo decir un precio algo inferior al dinero que estaría dispuesta a pagar, por lo que al final, cuando regateas, el oferta, tú contraofertas, y así hasta que finalmente acordáis un precio que sea bueno para los dos y la transacción no termine con alguien ofendido o timado.

Intentando vendernos el oro y el moro

Intentando vendernos el oro y el moro

10. La playa de El Jadida

El Jadida es otro pedazo de Marruecos que también está declarado Patrimonio Mundial de la humanidad por la UNESCO. La antigua ciudad de Mazagán, hoy día El Jadida, era una colonia portuguesa. Aquí los portugueses fortificaron una ciudadela con cinco bastiones, de los que aún hoy se conservan cuatro. Desde cada uno de esos bastiones se puede acceder y observar distintas partes de la ciudad, pero la que más llama la atención es la larga orilla atlántica que baña El Jadida. Su playa es mayormente de arena dorada y fina, con partes rocosas, y bordea la ciudad de norte a sur. Si eres amante de la fotografía visita la playa a diferentes horas del día, pues de la pleamar a la bajamar te encontrarás con instantáneas mágicas, y si tienes suerte algo de marisco entre las rocas.

Panorámica nocturna de la playa de El Jadida

Panorámica nocturna de la playa de El Jadida

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